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Desvelando un periodista de patas

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“Mi técnica ─la periodística─ no es una técnica científica. Andar y contar es mi oficio”. (Manuel Chaves Nogales)

Por Jairo Máximo

Madrid, España ─ (Blog do Pícaro) ─ Antes de empezar la lectura de la biografía Chaves Nogales – El oficio de contar, de María Isabel Cintas Guillén, catedrática de Lengua castellana y Literatura y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, había leído y oído críticas elogiosas que versaban sobre dicha obra. Además estaba al corriente del tesón que la autora puso para sacar al periodista y escritor sevillano del olvido impuesto por los franquistas y otras fuerzas políticas, después de   defender la tesis titulada Manuel Chaves Nogales. Cuatro reportajes entre la literatura y el periodismo (1998).

Todo eso, más mi admiración hacia el biografiado, naturalmente me condujeron a la atenta y placentera lectura de la biografía de Chaves Nogales. En la contraportada  de esta documentada obra editada por la Fundación José Manuel Lara, y galardonada con el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2011, se puede leer: “La autora sigue los pasos del gran periodista sevillano y enmarca su actividad en el contexto histórico de una época convulsa y fascinante que abarca la revolución rusa, la dictadura de Primo, la proclamación de la República, el estallido de la Guerra Civil, la ocupación de Francia o el exilio en Inglaterra”.

“Cintas Guillén ha dedicado años a rastrear la existencia de un hombre apasionado en su oficio y ecuánime en sus ideas políticas”, escribió la escritora Elvira Lindo tras la publicación de la obra.

Rescate histórico

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La perseverante Cintas Guillén durante la promoción del libro El   oficio de contar.

Chaves Nogales, El oficio de contar, es un primoroso trabajo de rescate  histórico sobre la intensa y sorprendente trayectoria profesional de Chaves Nogales.

“A las espaldas del Palacio cuyo patio y huerto claro con limonero cantó Machado, nació Manuel Jacinto José Domingo Chaves Nogales el día 7 de agosto del año de 1897, en la calle Dueñas, 11, “calle triste y silenciosa” como él la definió, en el corazón viejo de Sevilla”, escribe Cintas Guillén.

El sevillano falleció en Londres víctima de una peritonitis el día 4 de mayo de 1944. En la capital inglesa fundó una agencia, escribió artículos para los periódicos latinoamericanos y trabajó como periodista en las filas de los ejércitos aliados que luchaban en Europa contra la Alemania nazi.

“Fue enterrado en el cementerio de Fulham (North Sheen y Mortake) en Richmond, Kew, cerca de Londres, el día 11 de mayo de 1944. Así figura en el registro. Tumba CR19. El espacio sigue vacio entre dos enterramientos”,   puntualiza la autora.

Para el escritor vasco Pío Baroja (1872-1956), Chaves Nogales era un periodista de patas; aquél que busca la noticia allí donde se encuentre, con eficacia y un punto de riesgo.

“Su entrada en el mundo de la prensa se debió de producir de forma natural, acompañando a su padre a las sesiones del Ateneo y a los archivos sevillanos, a los que Chaves Rey acudía de forma cotidiana en busca de documentación para elaborar los temas de la historia de Sevilla que tanto le interesaban; y lo debía de acompañar igualmente a la redacción de El Liberal, del que su padre era redactor y su tío José Nogales, había sido redactor jefe. José Nogales había muerto algo antes y, precisamente en su recuerdo, Manuel compuso su primera columna para el periódico. Y cuando la Universidad de Sevilla celebraba la fiesta de Santo Tomás, entre las numerosas personas asistentes al acto se encontraba Manuel Chaves Nogales, aunque no como estudiante, que lo era en ese momento, sino ya como redactor de El Liberal de Sevilla, para dar cuenta del acto académico de inauguración del curso 1915-1916″, constata Cintas Guillén en la biografía.

Chaves Nogales- El oficio de contar, es, simplemente, una exposición de los datos de su vida profesional que he logrado ir reuniendo. He estado durante años, recorriendo archivos, bibliotecas y hemerotecas, primero en Sevilla y Madrid, luego en París y Londres y más tarde en América Latina, persiguiendo colaboraciones y datos en una búsqueda minuciosa (nunca mejor dicho, pues había que revisar los periódicos día a día) que se hacía cada vez más apasionante y amplia”, explica.

Boca a boca    Resultado de imagen de portadas del libro La ciudad, de Nogales

La primera noticia que Cintas Guillén tuvo de Manuel Chaves Nogales se la proporcionó el doctor Reyes Cano, de la Universidad de Sevilla, cuando en el año 1990 ella le pidió que le seleccionara un tema para elaborar su tesis doctoral.

“Me dijo que se trataba de un periodista sevillano que había escrito una biografía de Belmonte, con la que había logrado un relativo éxito: que era autor de otro libro sobre la revolución rusa, El maestro Juan Martínez que estaba allí y, desde luego me habló de su libro sobre Sevilla, La ciudad, uno de los mejores sobre el tema localista tan de moda en las primeras décadas del siglo XX. Me proporcionó los escasos artículos hasta entonces aparecidos sobre el periodista. Y me dijo que, de vez en cuando, algún intelectual intercedía por él y se lamentaba del olvido y abandono en que se le tenía”, precisa.

Después de años siguiendo la huella profesional del autor de una inspiradora obra literaria, que abarca espléndidos artículos periodísticos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, en la introducción de El oficio de contar, Cintas Guillén concluye: “Dos temas destacan con fuerza en el amplio abanico de intereses informativos de Chaves Nogales, que no son, en definitiva, sino las dos grandes fuerzas motoras de todas las conmociones sufridas por Europa en el pasado siglo: la revolución rusa y sus consecuencias, y la presencia en el panorama europeo del nazismo y el fascismo, expresiones para el periodista de un mismo talante antidemocrático, hijas de un mismo sentir totalitario, implacable y destructor. (…) En un país poco proclive  a la ecuanimidad y en un momento de posturas viscerales como sinónimo de comprometidas, intentó mantener la mente serena y clara al enjuiciar los acontecimientos, haciendo llamadas a la calma y la conciliación cuando los bramidos de la lucha impedían el sosiego. Pagó con el destierro la osadía de este intento, que se demostró inútil. Pero el tiempo lo trae de nuevo como la ola de una marea que vuelve a la orilla de una España que ya conoce los resultados de aquellas aventuras y está en condiciones de evitar que se repita la historia. Optimista sin remisión, fue capaz de declarar en los peores momentos del exilio que tuvo que emprender en soledad: “Aún hay patrias en la tierra para los hombres libres”.

Extractos del El oficio de contar

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Chaves Nogales con compañeros en la redacción de Heraldo de Madrid.

“El periodista era crítico con el atraso de la ciudad que lo vio nacer y, en cierto modo, positivo en la definición de su esencia: “El encanto de Sevilla no está en las cosas tangibles y fotografiables; su encanto es un verdadero encantamiento. Son gentes que a veces viven encantadas y alternativamente hablan, piensan y sienten como seres reales o como entes ilusorios; y esta dualidad es lo que les da su maravillosa incoherencia, que es en definitiva la única razón de su gracia”. Aun lejos de Sevilla, seguía presente en él la ciudad”.

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Chaves Nogales en Londres en los años 40 del siglo pasado.

“Había llegado a Madrid en 1924, con su esposa y su hija Pilar, y habitaron una casa de un barrio alejado del centro, lo que obligaba a Manuel a ir en autobús al trabajo. Nació un segundo hijo que sólo vivió dos meses. Se mudaron a Ciudad Lineal, que por entonces era campo abierto y desde donde Manuel iba a Madrid, ahora en tranvía. De estos contornos son los primeros recuerdos de infancia de Pilar, que debía de tener cuatro años. Recuerdos escasos, confusos…; era una casa de campo, con gallinas (a Ana le gustaba criarlas); la dueña era un señora vieja que siguió viviendo allí, los Chaves le alquilaron una parte de la vivienda. Estaba cerca de la casa del tenor Fleta, en cuyo jardín había un loro”.

“Como en tantos otros momentos, Chaves  defendía en el artículo el ejercicio del periodismo con una finalidad educativa, capaz de contribuir a la tarea social de hacer avanzar el pueblo en la conquista de sus metas a través de la información y el conocimiento”.

“Respecto a la incorporación a la Masonería, y aunque el hecho no volvió a aparecer de forma explícita en su vida hasta la condena en el año 1944 por el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, no podemos perder de vista que esta coyuntura debió de marcar su actividad inmediata, como ocurrió con tantos otros compañeros de filiación. De todos es sabido que, aunque en principio no estaba entre los objetivos de la organización masónica la directa intervención política, los acontecimientos que marcaron la vida española en los años veinte y treinta pusieron en el primer plano del interés la forma particular de entender la realidad y participar en ella que la Masonería representaba”.

Resultado de imagen de portada del libro As ruinas do Império Russo

Lo que ha quedado del imperio de los zares, título original del libro que fue publicado en España en 1931.

“Una editorial portuguesa, la Editorial Enciclopédica limitada (Lisboa-Río de Janeiro) inició su colección “Las grandes tragedias reales” (dando a la palabra real la acepción de verdadero), con la publicación del reportaje que, con el título de As ruinas do Império Russo, apareció el año 1935. La editorial justificaba la elección del trabajo haciendo la siguiente aclaración:

Chaves Nogales lo narra [se refiere al panorama de la Rusia blanca] con aguda e inexorable verdad, con la crudeza y la serenidad de un gran maestro del reportaje, oyendo las miserias de labios de los propios miserables, pintando una extensa galería de cuadros al fresco, palpitante y sorprendente, sobre un fondo de sangre, odio y nieve, el mismo telón de fondo que sirve para la ejecución de Nicolás II, del pequeño heredero, de la Emperatriz y de las princesitas, en la gran ratonera de Ekaterinburgo, sobre la nieve implacable…”.

“El gobierno de Franco quiso borrar la huella  del periodista condenándolo el 16 de mayo de 1944 (una semana después de su muerte), y a través del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo,

(…) a la pena de doce años y un día de reclusión menor, y accesorias legales de inhabilitación absoluta perpetua para el ejercicio de cualquier cargo del Estado, Corporaciones Públicas u Oficiales, Entidades Subvencionadas, Empresas Concesionarias, Gerencias y Consejos de Administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando y dirección de los mismos, separándole definitivamente de los aludidos cargos (…), que proceda a la busca, captura y prisión del sentenciado (…)*

*Expediente  de condena por pertenencia a la Masonería. Unos dos millones y medio de personas  fueron fichadas como “rojos” y enemigos del Nuevo Estado. Sus expedientes se conservan en el Archivo Histórico Nacional,  Sección Guerra Civil, de Salamanca. Se puede completar información en Álvarez Rey, Leandro, Aproximación a un mito: Masonería y política en la Sevilla del siglo XX, Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, 1996, pp. 253 y 165″.

El hombre que estaba allí

Concluida la lectura de El oficio de contar, me quedo aguardando  una  novela o serie televisiva sobre los 47 años ¿bien? vividos de Chaves Nogales, el hombre que estaba allí, a pecho descubierto, sin perder el estilo y la ética. Un español de culo inquieto dueño de una pluma primorosa que saboreó el éxito y el destierro profesional.

“Tal vez algún día alguien se decida a novelar la vida de Chaves, de la que no todo está dicho. No faltaron en ella episodios del mayor interés. En mi caso ha supuesto un gran atrevimiento intentar hacer una biografía, profesional tan sólo, de quien ha sido considerado por su Belmonte el mejor biógrafo del siglo XX español”, sostiene Cintas Guillén. •

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Chaves Nogales en Asturias, con los testigos del asesinato del cura de Sama. (Ahora, 27 de octubre de 1934). 

Nota del autor: Artículo publicado en la ACPE

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CHAVES NOGALES: A PECHO DESCUBIERTO

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Manuel Chaves Nogales / Foto: Archivo de Pilar Chaves Jones.

Por Jairo Máximo

MADRID – España ― (Blog do Pícaro) ― El periodista y escritor Manuel Chaves Nogales es autor de una inspiradora obra literaria que abarca espléndidos artículos periodísticos, reportajes, biografías, cuentos y novelas.

“Mi técnica ―la periodística―no es una técnica científica. Andar y contar es mi oficio”.

Según los especialistas algunos de los mejores libros del reporterismo español llevan su inconfundible firma. La lectura de uno conduce a otro y así sucesivamente.

Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897―Londres, 1944) utilizó la pluma como un cuchillo para contar los hechos tal como eran. Iba directo al grano sin subterfugios. Perteneció a una estirpe de periodistas que, en los años 30, viajaron a menudo por el extranjero, realizando reportajes y entrevistas.

Demócrata y republicano convencido, durante toda su vida ―profesional y personal― luchó por ser libre y mantenerse libre. ¡Y lo consiguió!

“Soy un pequeño burgués liberal, ciudadano de una República democrática y parlamentaria”.

Hijo de madre pianista y padre periodista del diario sevillano El Liberal, desde muy joven empezó a ejercer el oficio de periodista, primero en Sevilla y después en Córdoba. En 1923 se trasladó a Madrid de entreguerras. Entre los años 1927 y 1937 saboreó el éxito, escribiendo reportajes para los principales periódicos de la época.

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A partir de 1931 fue subdirector del diario Ahora (1930-1939), publicación afín a Azaña, de quien Chaves Nogales era un reconocido partidario. Apoyaba la República sin dejarse tentar por las corrientes totalitarias que asolaban Europa. Manuel Azaña (1880-1940), político y escritor fue presidente del Gobierno entre 1931 y 1933, y presidente de la Segunda República entre 1936 y 1939.

“Los totalitarismos son la puntilla de la República y la ignorancia su mortífero instrumento”, escribió proféticamente Chaves Nogales en 1934.

A LO HECHO, PECHO

Al estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 se puso al servicio de la Segunda República, hasta que el Gobierno abandona definitivamente Madrid, y se instala en Valencia, momento en que presagiando la victoria de los fascistas franquistas, y la subsiguiente catástrofe por venir, a finales de 1937 decide exiliarse con su familia en París, sin haber renunciado nunca ni a sus convicciones democráticas ni a sus lealtades republicanas.

Durante su paso por la capital gala, escribió para un grupo numeroso de periódicos americanos de lengua española que publicaba sus crónicas “redactadas única y exclusivamente al servicio de la causa francesa”, afirmaba. Al mismo tiempo, diariamente, la Radio Francesa para España y América del Sur divulgaba sus comentarios de actualidad. Además, en París fundó y editó una publicación artesanal sobre la actualidad española dirigida a los exiliados republicanos en Francia.

En 1940, tras saber que era “presa de caza” de los nazis, que estaban a las puertas de París, Chaves Nogales se trasladó a Burdeos y desde allí a Londres. En la capital inglesa fundó una agencia, escribió artículos para los periódicos latinoamericanos y trabajó como periodista en las filas de los ejércitos aliados que luchaban en Europa contra la Alemania nazi.

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“Pero la catástrofe de Francia, como la de España, no era la derrota definitiva. Era sólo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilización, de las fuerzas de destrucción contra el espíritu constructivo y el instinto de conservación de la humanidad, de la mentira contra la verdad…”, escribió en el prólogo del relato La agonía de Francia, publicado en Montevideo en 1941, y reeditado en España casi sesenta años después. Cuenta con lucidez cómo el país que había sido durante siglo y medio el faro de la democracia en el mundo se puso en junio de 1940 en manos del nazismo.

En 1944 con 47 años, Manuel Chaves Nogales falleció víctima de una peritonitis, en Londres, Reino Unido, donde cria malvas en una tumba desamparada. Dignificó una profesión presa del servilismo político. Es toda una referencia al buen hacer periodístico. Construyo una obra indecidible ―aquello que resulta imposible decidir si se trata de una cosa o de otra.

“Ambicioso, vacío, extravagante, la hora de Chaves Nogales pasó. Ni fue, ni ha sido ni volverá a ser nada”, escribió el deslucido periodista Francisco Casares (1899-1977) en su libro Azaña y ellos: cincuenta semblanzas rojas (1938).

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Con todo, con el paso del tiempo, Manuel Chaves Nogales sería considerado “un paradigma” del intelectual comprometido con su tiempo.

“Es uno de los grandes, el que supo disparar desde la distancia precisa”, considera el escritor y periodista valenciano Manuel Vicent.Resultado de imagen de portada del libro ¿Que pasa con Cataluña?, de Nogales

Desterrado y olvidado por la derecha e izquierda española durante más de siete décadas, actualmente sus libros son reeditados con éxito, y sobre su legado se organizan charlas, coloquios y se publican diversos textos. En 2001 la Diputación Provincial de Sevilla publicó su obra periodística completa en tres tomos, con edición y estudio introductorio de María Isabel Cintas Guillén. A continuación, en 2011, Cintas Guillén publicó Chaves Nogales, El oficio de contar, centrado en la trayectoria profesional del periodista. Y en 2013 se estrenó el documental El hombre que estaba allí, basado en su figura. En Alcorcón, Madrid, está ubicado un colegio público de educación secundaria que lleva su nombre, y actualmente en la capital española se intenta, a duras penas, honrarle con una calle tras más de siete décadas de su muerte.

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Cartel del documental El hombre que estaba allí, sobre el inclasificable Chaves Nogales.

LISTOS PARA LEER

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Leer hoy la obra de Chaves Nogales ayuda a comprender la historia del siglo XX. Inolvidables son: La defensa de Madrid, reportaje publicado en 16 entregas en la prensa mexicana en 1938 y editado como libro en Sevilla en 2011; la biografía Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas (1935); la novela El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934) o el sorprendente reportaje Lo que ha quedado del imperio de los zares (1931), publicado originalmente ese mismo año en el periódico Ahora, en 24 entregas, a lo largo de un mes. Revela la vida dramática de los dos millones de personas que tuvieron que salir de Rusia tras la Revolución de 1917, una revolución que por aquellos años era defendida y admirada por la izquierda española.

Sus diversos reportajes, realizados a pecho descubierto, y editados posteriormente en libros, le llevaron a ser considerado como uno de los mejores periodistas del siglo XX. Son un antídoto para aquellos que anhelan “conquistar el cielo” a base de mentiras y manipulaciones. En los años treinta del siglo pasado Chaves Nogales ya denunciaba a cuatro vientos que el populismo mata.

“Es una ley histórica que todo pueblo vencido adopta fatalmente la forma de gobierno del vencedor”.

En  A sangre y fuego – héroes, bestias y mártires de España, publicado por primera vez en Santiago de Chile en 1937, título de nueve emotivos y alucinantes relatos que él escribió sobre la Guerra Civil española (durante su exilio en Francia) es un manual que incide en la sin razón de las guerras. En España son muchos los que consideran que  esta obra es uno de los mejores libros que se han escrito jamás sobre la Guerra Civil española que ocurrió entre 1936 y 1939.

Resultado de imagen de imagenes publicas de chaves nogalesEn el prólogo de la obra el autor constató: “Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. (…) Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieron España.”

LIDIANDO UN MATADOR DE TOROS

Resultado de imagen de PORTADAS DE LIBROS DE CHAVES NOGALES En Juan Belmonte, matador de toros: su vida y sus hazañas, considerada una de las mejores biografías jamás escritas en castellano, Chaves Nogales realiza una magnífica biografía de su paisano, el matador de toros Juan Belmonte García (Sevilla, 1892 – Utrera, 1962), que a principios del siglo XX brilló como nadie ―dentro y fuera― de los ruedos españoles, en una época en la cual la afición a los toros era trascendente y llegaba a los diversos extractos sociales, que profesaban una pasión febril por la tauromaquia.

La biografía de Juan Belmonte, el llamado Pasmo de Triana, está redactada en forma de autobiografía a partir de las numerosas conversaciones que el periodista, que no era amante de la lidia, mantuvo con el diestro. Narra la apasionante historia de aquél niño que nació pobre y marginado, pero que de mayor se convirtió en una celebridad  “fundador del toreo moderno”.

Tras saborear la gloria y a punto de cumplir 70 años, Juan Belmonte se suicidó de un disparo en su cortijo de Gómez Cardeña en 1962. A pesar de ser un suicida se le permitió ser enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla. Según Chaves Nogales, “Belmonte tenía un marcado espíritu de superación y talante conciliador, inimaginable en un torero”.

En el prólogo de la reedición editada en 2009 por la editorial catalana Libros del Asteroide, el poeta y escritor Felipe Benítez Reyes, escribe: “Con este libro sobre Juan Belmonte, Chaves Nogales dio una lección de literatura y una lección de periodismo: el periodismo que logra ascender al ámbito de la gran literatura”.

Concebida originalmente como un folletín, Juan Belmonte, matador de toros. Su vida y sus hazañas, apareció por primera vez por entregas en el semanario Estampa del 29 de junio al 14 de diciembre de 1935 en veinticinco magníficos capítulos.

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Juan Belmonte retratado en 1924 por Ignacio Zuloaga.

PALABRAS DE TORERO

“Tengo que insistir en mi convicción de que el toreo es fundamentalmente un ejercicio de orden espiritual y no una actividad meramente deportiva”.

“Siempre me han sublevado los abusos de poder”.

“Una tarde estaba yo toreando en Tablada junto a la orilla del río; había cruzado el cauce a nado y toreaba completamente desnudo. Desde la orilla de Triana, unas muchachas que volvían de trabajar en algún cortijo me saludaban a lo lejos agitando alegremente los brazos. Había conseguido apartar un becerro, y al sentirme contemplado a distancia por aquel grupo femenino me puse a torear con todo el estilo de que era capaz. En uno de los lances pasó el becerro tan cerca de mí, que me dio un puntazo con el pitón en la cara y me partió el labio. Rodé por el suelo. Ya estaba yo otra vez en pie y con la blusilla en las manos cuando llegó hasta mí el eco perdido del grito de terror que en la otra orilla dieron las mujeres al ver la cogida. La herida era pequeña; pero, como ocurre con todas las heridas en la cara, manaba sangre en abundancia. Me di cuenta de que el percance no era grave y dejé que la sangre me corriera por el cuerpo para seguir toreando. No quería quedar mal ante aquellas mujeres que desde la otra banda del río se entusiasmaban viendo aquel muchacho desnudo que lidiaba a solas a los toros. Pero cuando ellas me vieron con el cuerpo tinto en sangre se asustaron y se pusieron a dar unos gritos espantosos. Unas se tapaban la cara con las manos, otras avanzaban hasta el borde del agua llamándome con voces angustiadas, otras huían despavoridas. Llevaron a Triana una imagen pavorosa del aquel muchacho que toreaba solo, desnudo y sangrante en pleno campo de Tablada”.

“El día que se torea crece más la barba. Es el miedo. (…) No hay que darle vueltas. Es el miedo. (…) Es un íntimo amigo mío. (…) El miedo no me ha abandonado nunca. Es siempre el mismo. Mi compañero inseparable. (…) El miedo que se pasa en las horas que preceden a la corrida es espantoso. (…)  Se cambia el tono de la voz, se adelgaza de hora en hora, se modifica el carácter y se le ocurren a uno las ideas más extraordinarias. Luego, cuando ya se está ante el toro, es distinto. El toro no deja tiempo para la introspección”.

“Entonces, las corridas de toros tenían una resonancia y una trascendencia que hResultado de imagen de JUAN BELMONTEoy no tienen. (…) Era la época en que después de una buena faena se veía a la gente toreando por las calles”.

“Si yo fuese ensayista en vez de ser torero, me atrevería a esbozar una teoría sexual del arte; por lo menos, del arte de torear”.

“Hoy, al cabo de miles de años, todos nos comemos al toro. La bestia está dominada y vencida. Y, naturalmente, el toro está en franca decadencia. Se ha logrado todo lo que se podía lograr. El toro no tiene hoy ningún interés. Es una pobre bestia vencida. (…) Subsiste la belleza de la fiesta, pero el elemento dramático, la emoción, la angustia sublime de la lucha salvaje se ha perdido. Y la fiesta está en decadencia”.

 BAILANDO CON “LOS MARTÍNEZ”

 Resultado de imagen de PORTADAS DE LIBROS DE CHAVES NOGALESEn El maestro Juan Martínez que estaba allí, Chaves Nogales realiza un conmovedor relato novelado de los pasos que el bailaor Juan Martínez (1896-1961) y su esposa Sole, bailaora, que se hacían llamar Los Martínez, realizaron para subsistir durante la convulsa revolución bolchevique en Rusia de principios del siglo XX.

La pareja artística, primero triunfó en los tablaos de la Cava Baja de Madrid; después en el París bohemio, donde aceptaron una invitación para realizar una gira a la enigmática Turquía. Jamás podrían imaginar las amargas experiencias que el destino les tenía reservadas. La pareja embarcó en Marsella rumbo a Oriente el día 26 de junio de 1914. Cuarenta días antes de estallar la Gran Guerra (1914-1919).

Sin quererlo, Los Martínez, terminaron atrapados en tierras rusas donde primero la guerra, después la revolución bolchevique, les apretaban los talones. Fueron testigos forzosos de la violenta revolución bolchevique, que quería conquistar el cielo ―para ellos― y el inferno para ―el otro.

En el prólogo de la reedición editada en 2007 por la editorial Libros del Asteroide, el escritor y poeta Andrés Trapiello, escribe: “Chaves Nogales no quiso hacer una novela. El testimonio de Martínez, que seguía trabajando en París en lo suyo, el cabaret, le impresionó. Es un relato lineal, que tras una breve obertura, pasa a labios de Martínez. Podríamos considerar este libro sus memorias rusas. No hay en ellas recuerdos íntimos, ni estudios psicológicos, casi todo discurre por el nudo de los acontecimientos”.

Los Martínez regresaron a España en 1922 y, poco después, volvieron a instalarse definitivamente en París. Chaves Nogales publicó su historia primero por entregas en el semanario Estampa en 1934.

PALABRAS DE BAILAOR

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Retrato del bailaor burgalés Juan Martínez publicado en la revista Estampa a principios del siglo pasado.

Imagen relacionada “Ya ve usted. Yo soy de Burgos, pues, a pesar de eso, estaba entre los musulmanes de Estambul como en mi casa. (…) A los pocos días de estar allí se declaró la guerra. Yo no me di cuenta de lo que era aquello hasta que los directores del teatro donde trabajábamos, que eran franceses, nos dijeron que no podían pagarnos, que cerraban y que se iban. Fuimos a ver al cónsul de España. Como les pasa siempre a nuestros cónsules, no pudo hacer nada. (…) Al principio la guerra no se notaba mucho, pero poco a poco todo fue cambiando. La gente tenía la cara cada vez más apretada, más dura. Ya no volvimos a ver caras anchas, abiertas, sonrientes, hasta muchos años después. Y, la verdad, creo que caras amables como las de antes de la guerra no se han vuelto a ver por las calles de Europa”.

“Yo nunca me he querido meter en política”.

“En Bucarest fuimos a parar al hotel Central, que estaba frente a Correos. Me presenté pidiendo trabajo en un cabaret llamado Alhambra y debutamos a los cinco días. Gustamos mucho y nos sentimos felices. Había pan y paz. ¡Cuántas veces he visto después a los hombres hacerse matar, clamando por estas dos cosas: el pan y la paz!”.

“Aprendí entonces que no es verdad que las revoluciones se hagan con hambrientos. Cuando se tiene hambre no se es capaz de nada”.

“Los bolcheviques, buenos o malos, sostenían que los artistas de cabaret no teníamos derecho a la vida y deseaban que nos muriésemos cuanto antes”.

“Los rojos se impusieron por el terror desde el primer momento, implantando el comunismo de guerra con una ferocidad sin límites”.

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“El viaje a Kiev fue terrible, porque el tren soviético iba lleno de militares, es decir, campesinos a los que días antes les habían dado un fusil y la autorización para asesinar a los padres que se les pusiesen por delante, y aquella gente nos trató a baquetazos. (…) En una estación estaba yo llenando de agua nuestra tetera, sin hacer caso de los gritos, cuando se me acercó un hastial, que de un manotazo me tiró el cacharro, y me dijo:
― ¡Largo de aquí, cochino burgués!
― ¡Largo, si no quieres que te arrastremos! – corearon diez o doce gandules que le seguían.
Me revolví furioso al verme atropellado tan injustamente.
― Pero ¿por qué?
― ¡Porque eres un burgués asqueroso, y te vamos a colgar ahora mismo!
― Yo soy tan proletario como ustedes.
Me contestó una salva de carcajadas. Yo, realmente, con mi cuello almidonado y el gabancito corto que llevaba, debía de tener entre aquellos bárbaros, que lucían las ropas en jirones, un aire bastante ridículo.
― ¡Yo soy tan proletario como ustedes! ¡O más! ― grité exasperado.
― ¡Mentira!
― ¡Mentira!
―O demuestra ahora mismo que se gana la vida trabajando como un obrero o le arrastramos.
― ¿Queréis que os pruebe que soy un proletario? ― pregunté jactancioso.
― ¡Como no lo pruebes no sales de nuestras uñas, canalla!
Hubo un momento de silencio. Les miré a los ojos retándoles y les grité con rabia:
― ¡Mirad, idiotas!
Y les mostraba, metiéndoselas por las narices, las palmas de mis manos deformadas por dos callos enormes, cuya contemplación causó un gran estupor a aquellas gentes.
Eran los callos que a todos los bailarines flamencos nos salen en las manos de tocar las castañuelas.
Ellos me salvaron”. ●

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Busto de Manuel Chaves Nogales obra de Emiliano Barral.

Nota del autor: Artículo publicado en la revista El Siglo de Europa y Acpe

 

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UNA SAMURÁI ENTRE NOSOTROS

por Jairo Máximo

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Momento en que el embajador Masashi Mizukami hace entrega del diploma de distinción a Masako Ishibashi / Foto: Jairo Máximo

MADRID ― España ― (Blogdopícaro) ― Cuando recibí la invitación del señor Masashi Mizukami, embajador de Japón en España, para acudir al acto de entrega de la concesión de la Distinción del Ministro de Asuntos Exteriores del Japón, otorgado a la periodista y artista japonesa Masako Ishibashi, y al jefe de cocina español Ricardo Sanz de Castro, me sentí doblemente feliz; tanto por la deferencia de la invitación, como por el merecido reconocimiento a la descendiente de samuráis Masako Ishibashi.

Aquellos que en España conocemos a Masako ―y somos muchos, y de diferentes sectores sociales―, sabemos que ella es una profesional de armas tomar. Su trayectoria de corresponsal de prensa; primero como reportera de televisión, después para la agencia de noticias Kyodo News, la más importante de Asia y Pacífico, es un ejemplo de profesionalidad. Rigor y objetividad  son sus premisas.

Sus reportajes televisivo sobre las “pateras” que cruzan los 14,4 kilómetros del Estrecho de Gibraltar, que separan Europa de África, se remontan a los años 90 del siglo pasado, cuando esta tragedia humanitaria ya se asomaba a las puertas trasera de Europa, pero no estaba en el orden del día de las instituciones gubernamentales y humanitarias. Sin embargo, la valiente periodista japonesa ya estaba allí, haciendo la travesía con ellos a bordo de rudimentarias embarcaciones, arriesgando así su vida para dar voz a los sin voz.

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Acto organizado por Masako Ishibashi para la ACPE en la sede del Banco BBVA, en enero de 2004 / Foto: Archivo Blog do Pícaro

Su gestión como presidenta de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE) y vicepresidenta del Club Internacional de Prensa (CIP), evidenciaron la determinación y eficiencia con que organizaba los diferentes actos culturales y políticos bajo su mando.

Asimismo, es memorable su participación en el programa radiofónico El tranvía, emitido por RNE, conducido por la periodista Olga Viza, y por el presentador de radio y televisión, Javier Capitán, donde semanalmente durante tres años, la periodista no defraudaba a sus fieles oyentes con sugerentes intervenciones. Acercarse al programa El tranvía era tener la cultura japonesa más cerca de todos nosotros.

Como maestra de Ikebana ―arte floral japonés milenario― son célebres las exposiciones que emprende con sus alumnos de la Escuela Enshu en España, que fundó en 1973. En la invitación de la bella exposición que conmemoró el 40º Aniversario de la Escuela, realizada en el Ateneo de Madrid, Masako Ishibashi escribió: “Es muy importante mantener la esperanza. Tendremos que seguir trabajando con una ilusión renovada para que la esperanza florezca en todos los corazones de la Humanidad”.

Durante la recepción en su residencia, el embajador Mizukami hizo una breve y emotiva semblanza de la profesional. A continuación, la homenajeada, que nació en Kyoto ―ciudad cuna de los mayores tesoros artísticos de Japón―, agradeció emocionada la distinción del Gobierno japonés, las palabras del embajador Mizukami y la presencia de sus amigos invitados. Además, confesó que cuando era niña su padre la llevó para ver una exposición de Pablo Picasso, en Kyoto. Al momento, se enamoró de la obra del malagueño y, de paso, de España, sin saber que su destino estaría profundamente entroncado con España.

En la adolescencia, después de graduarse por la Universidad de Doshisha, vino a Europa, y completó estudios en la Soborna de París. En seguida, se trasladó a vivir a España, donde estudió en la Universidad de Salamanca y en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander.

“Vivo en España por culpa de Pablo Picasso. Me encanta vivir en España. Adoro su gente”, sostiene la samurái.

Arigatou Gozaimasu, Masako Ishibashi. Te queremos. ●

Resultado de imagen de imagenes de las invitaciones de la Escuela Enshu en Madrid

Artículo publicado en ACPE

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