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Viaje a lo desconocido

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Por Jairo Máximo

Madrid, España ― (Blog do Pícaro) ― Durante mi infancia oía a menudo los vocablos emigrante e inmigrante. No entendía la diferencia entre estos términos lingüísticos. Emigrante: dejar uno su propio país para establecerse en otro extranjero. Inmigrante: llegar a un país para establecerse en él.

Por entonces también desconocía mi ascendencia. Mis abuelos paternos eran portugueses inmigrantes que llegaron a Brasil a finales del siglo XIX. Y los maternos eran, ella portuguesa, y él brasileño, hijo de esclavos africanos.

Sin saberlo era hijo de flujos migratorios. En el cole casi la totalidad de mis compañeros eran descendientes de portugueses, italianos, españoles, japoneses, árabes, franceses, alemanes, polacos, judíos, chinos, etcétera. En el Brasil mestizo había cabida para todos. Fue construido por inmigrantes. El país es un crisol de nacionalidades, etnias y creencias religiosas.

Pasé mi infancia creyendo que la convivencia era una norma universal. Aún no sabía nada de la historia contemporánea. Pese a eso, intuía que cada uno de “nosotros” teníamos una historia familiar para contar.

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Empatía con el desconocido

Fue con sumo interés que leí la extraordinaria novela gráfica, sin textos, titulada Emigrantes, de Shaun Tan. Magníficamente ilustrada, su atenta lectura inquieta del principio al fin. Genera un mar de sensaciones. Es como una película clásica del cine mudo. Engancha. Las imágenes, muchas de ellas surrealistas, cuentan seis diferentes historias, que despiertan encontrados sentimientos: compasión, desasosiego, rabia y alegría.

Según Shaun Tan, que tardó 5 años en concluir esta obra, editada en 2007,  “buena parte de esta historia está inspirada en las anécdotas de muchos emigrantes de distintos países y periodos históricos, entre ellos mi padre, el cual llegó a Australia Occidental desde Malasia en 1960”.

La obra Emigrantes atrae porque es diferente, valiente y cercana. Es un homenaje a todos los emigrantes, refugiados, desplazados y exiliados que han realizado el viaje a lo desconocido por necesidad. Los dibujos de color sepia recuerdan aquellas fotos antiguas que han pasado largas temporadas viajando, de un sitio a otro, hasta encontrar un puerto seguro y ser colgadas en la pared de la nueva habitación.

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Emigrantes es una historia contada como una serie de imágenes sin palabras que podrían venir de una época ya olvidada. Un hombre deja a su esposa y su hijo en un pueblo empobrecido, en busca de mejores perspectivas en un país desconocido al otro lado de un vasto océano. Con el tiempo, se encuentra en una ciudad extranjera de costumbres desconcertantes, animales peculiares, objetos flotantes curiosos y lenguajes indescifrables. Con solo una maleta y un puñado de monedas, el emigrante debe encontrar un lugar donde vivir, algo para comer y un trabajo. Es ayudado por el camino por amables desconocidos, cada uno con su propia historia: momentos de lucha y supervivencia en un mundo de violencia sin sentido, agitación y esperanza”, explica el autor.

“Los dibujos de los emigrantes en el navío son un homenaje a la pintura de Tom Roberts titulada Coming South, la cual está en la National Gallery of Victoria, Melbourne. Entre las demás referencias e inspiraciones visuales se encuentra una fotografía de un repartidor de periódicos de 1912 en la que se anuncia el hundimiento del Titanic, postales de Nueva York de finales del siglo XIX y comienzos del XX, fotografías callejeras de la posguerra europea, el filme de Vittorio De Sica titulado Ladrón de bicicletas (1948) y el grabado de Gustave Doré llamado Sobre Londres en tren (h. 1870). Varios de los dibujos sobre el trato que reciben los inmigrantes, de las fotografías de pasaporte y del “pasillo de llegada” se basan en fotografías tomadas en la neoyorquina isla de Ellis entre 1892 y 1954, muchas de las cuales forman parte de la colección de Ellis Island Inmigration Museum”, esclarece Tan.

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Para todos los públicos

La obra Emigrantes ya ha vendido más de 500 000 ejemplares en todo el mundo. Como todo best-seller han sido muchas las opiniones vertidas sobre ella.

“Se trata de una espléndida y pertinente historia de esperanza y perseverancia: profundamente conmovedora, perturbadora y, a la vez, rebosante de una tranquila alegría”. (The Monthly)

“Las ilustraciones de Tan son cautivadoras y tienen un ritmo brillante. La historia se desarrolla a la perfección y jamás anula la interpretación que pueda hacer el lector acerca de lo que trata el relato”. (The Age)

“Una diestra y extraordinaria obra de arte”. (The Sunday Times)

“Un triunfo de la imaginación. Debería haber un ejemplar de esta obra en todos los hogares”. (The Times)

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Autor prolífico

 Resultado de imagen de imagen de Shaun TanShaun Tan (Perth, Australia, 1974) es dibujante, cineasta, escenógrafo y artista conceptual. Graduado en Bellas Artes y Literatura Inglesa por la Universidad de Western Australia, es hijo de chino y australiana.

Está considerado como una de las voces más originales e interesantes de los últimos años en el mundo del libro ilustrado.

Entre sus obras gráficas, traducidas a muchos idiomas, están Los conejos (1998), Memorial (1999), El árbol rojo (2001), Cuentos de la periferia (2008), Las reglas del verano (2013), entre otras. En 2001 ganó el Oscar por el cortometraje La cosa perdida. En 2011 recibió el prestigioso galardón Astrid Lindgren Memorial Award en Suecia como reconocimiento a toda su obra.●

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Nota del autor: Artículo publicado en el MegacínACPE.

 

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Santiago Valenzuela: Historietista e ilustrador

“SIENTO PLACER EN FABULAR COSAS DE LA NADA”

por Jairo Máximo

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Santiago Valenzuela en Madrid / Foto: Cortesía del entrevistado

MADRID (Blogdopícaro) – Santiago Valenzuela, historietista, ilustrador y escritor ha ganado el Premio Nacional de Cómic 2011 concedido por el Ministerio de Cultura español por la publicación del álbum Plaza Elíptica, la séptima entrega de la saga del personaje Capitán Torrezno, “un alma cántaro que no reflexiona sobre nada”, según explica.

Licenciado en la especialidad de grabado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, Valenzuela ha trabajado como ilustrador para diversos medios de comunicación, empresas de publicidad, y ha publicado diversos álbumes, entre ellos, Horizontes Lejanos (2002), Limbo sin fin (2003), Los años oscuros (2006), El gabinete del Doctor Salgari (2007), Nietos del rock’n roll (2010), con dibujos de David Ortega.

En enero pasado, en la 39ª edición del Salón de Cómic de Angulema, Francia,  el más importante  del mundo,  participó junto a los dibujantes Max, Paco Roca, Felipe Hernández Cava, Bartolomé Seguí, Antonio Altarriba, Kim, entre otros, en la exposición “Tebeos: una España de viñetas”, representando a España como país invitado.

En esta entrevista exclusiva concedida en Madrid, Santiago Valenzuela (San Sebastián, 1971) sostiene: “El cómic no es solo una cosa de niños. Hay expresividad, creatividad e ideas”.

¿Sabes quién es?
No. Nadie lo sabe. El “yo” no existe. No tiene identidad. Es una cosa  transitoria. Es un hallazgo del neurólogo austriaco Sigmund Freud (1856-1939) en el siglo pasado.

¿Cuándo eras niño llegaste a pensar que de mayor querías ser cura, pirata o bombero?
En mi época esos oficios ya no estaban en el horizonte.

¿Ni futbolista, modelo o político?
(risas) Pienso que cuando eres niño tienes fantasías más generales. Ahora, por supuesto que cura, pirata, modelo y político no. De pequeño a mí lo que me gustaba de verdad era contar historias. Me encantaba jugar con los juguetes y organizar batallas épicas, que no terminaban nunca. Ser dibujante es algo parecido; en vez de jugar con juguetes, juego con figuras e historias que me invento.

¿Cómo fue tu infancia?
Muy feliz, aunque era hijo único y por las tardes estaba siempre solo. Creo que eso de la soledad tiene algo que ver con mi empeño en fabular y en construir mis propias historias.

¿Cuándo encontraste el cómic?
En la infancia. Leía los tebeos y era un mundo distinto. Cuando terminaba uno quería otro. Y como no los tenía; los dibujaba yo. No sé si era por el gusto a la aventura o por la voluntad de hacer cosas. No había ninguna decisión de futuro. Buscaba el placer.

¿Por qué crees que eres historietista e ilustrador?
Quizá porque siento placer en fabular e inventar cosas de la nada. Durante mucho tiempo pensé que iba a ser pintor. Incluso estudié Bellas Artes. Pero en un momento determinado de mi vida eché de menos  fabular e inventar historias. Sigo pasándolo muy bien pintando, sobretodo haciendo caras, sin embargo necesito contar o inventar historias.

¿Feliz con el Premio Nacional de Cómic, concedido por el Ministerio de Cultura español por la publicación del espléndido álbum Plaza Elíptica?
Sí, claro. Además, a efectos prácticos –económico- está bien. También tiene un aspecto de orgullo y satisfacción por el reconocimiento de un trabajo que tardé tres años para realizarlo. Siempre es bueno para el trabajo este reconocimiento porque es buscar un cambio de difusión y llegar a más gente. Ahora, todavía es muy lejana la posibilidad de se vivir del cómic en España. Eso no le pasa a casi nadie.

¿Cómo nació  Plaza Elíptica, la séptima entrega de la saga del personaje Capitán Torrezno, que según la crítica es ”uno de los héroes más geniales e imposibles de la historieta española”?
No tiene una génesis muy particular. Era el siguiente tramo de la saga del Capitán Torrezno, que nació como un personaje sin sustancia en unas historias de humor negro que yo publicaba en un fanzine llamado Jarabe cuando estaba en la facultad. Poco a poco el personaje se fue haciendo más protagonista. Un tipo de héroe anti kafkaniano. Un alma cántaro que no reflexiona sobre nada -filosofía, religión, política, economía- porque es un mero espectador. Es un viejo funcionario del ministerio inculto, soltero y sin familia que en sus ratos libres se dedica a jugar con los juguetes en el sótano de su casa y a hacer una especie de recreación de la historia de la humanidad.

¿Qué pretende con Capitán Torrezno?
Es un escrito narrativo. A través de él se describe un mundo imaginario con su sociedad, filosofía, religión, política y economía. Como la vida misma. Todas esas cosas son parodias y la crítica va implícita desde el humor. El mensaje que puede haber detrás de ellos es que nada vale demasiado la pena.

¿Qué hay de ti en Capitán Torrezno?
Nada. El Capitán Torrezno es afable, con don de gente, parlanchín, alegre y borracho. Yo no soy así

¿Ni borracho?
(risas) Sí.

¿Dónde encuentra las ideas para tu trabajo?
Principalmente en los libros.

¿Cómo se da el encuentro de la palabra y el grabado en tu obra artística?
La verdad es que no puedo decirte grande cosa. Escribo una historia y cuando la escribo estoy visualizando algunas escenas, algunos escenarios.

¿Lo ves como un todo ?
Sí, como si tuviese a mano unos actores y estuviera escribiendo las cosas que ellos van a decir. En la serie de Capitán Torrezno no hay un personaje que hable, no hay  un narrador – casi nunca- la acción yo la veo como dos figuras. La historia va por un lado y los personajes que son los actores van por otro.
No hay nada más que eso. Es como un director de cine que escribe un dialogo pensando en un actor en concreto. Yo sé quiénes son los personajes, los tengo en mente, pero no estoy viendo cada movimiento. Escribo y no estoy pensando exactamente en el dibujo, pero cuando las palabras van para la viñeta, ahí construyo los personajes. La duda es si lo que dice el personaje debe ir en la misma viñeta o en la siguiente. No hay tanto en que pensar.

En definitiva, ¿este es su método de trabajo?
Sí. Siempre escribo la historia primero. A veces muy detallada, a veces  improvisada.
En la historia del Capitán Torrezno son todos personajes que se mueven, si bien hay episodios de disertaciones teológicas que son voces subjetivas. Es una historia de una voz que habla. Es una variación de historias que aparentemente son imposibles de mezclar desde el humor. Una especie de psicoanálisis y aventura. La historia de un psicoanalista imaginario que en vez de recibir pacientes, recibe relatos, bocetos de relatos acomplejados.

¿Tienes dificultad para crear una historia?
Ninguna. Tengo dificultad para cortar y parar. Tengo mucha verborrea. Lo que yo no tengo es autocrítica.

¿Qué te parece que el carnaval 2012 de Las Palmas de Gran Canaria este dedicado al cómic?
Ahí vemos un ejemplo más del impulso que le quieren dar al cómic. El premio Nacional de Cómic es parte de esta política de apoyo. Realmente el cómic lo necesita. Sé que puede sonar ambiguo, porque si apenas tiene lectores ¿por qué apoyarlo? La inmensa mayoría de lo que se publica en cómic no merece la pena. ¡Es deprimente!  Ahora bien, si quieren apoyarlo, que lo apoyen. Pero quizá eso es una cosa que tiene que ver con la cultura de la imagen, ya que cada vez más se tiene odio a la palabra y se tiende a apoyar las cosas que lleven poco texto. Así que me parece bien que hagan esto -premiar y homenajear-  y que hay que responder a estas ayudas institucionales haciendo buenos tebeos que aporten algo como aporta un buen libro. El cómic tiene que procurar hacer cosas buenas con sus propias armas y no procurar hacer cómic literario. El cómic tiene dibujo, historias e ideas.
En mis tebeos procuro escribir bien. No me considero escritor. Escribo cosas que están mejor dibujadas que contadas. Hablo del cómic como acto reivindicativo.
El cómic no es solo una cosa de niños. Hay expresividad, creatividad e ideas.

En qué quedamos, ¿cómic, tebeo o novela gráfica?
No tiene ninguna importancia esa distinción. Es una forma distinta de llamarlos.
Cómic tiene un poco de connotación cultural colonial, pero tampoco es una buena definición porque no todos los tebeos son cómic. Tebeo es un término puramente local que surgió porque había aquí en España una publicación solo de cómic que se llamaba TBO, que nació en Barcelona en 1917 y se publicó, con interrupciones, hasta 1998. Y novela gráfica es una etiqueta comercial que los norteamericanos han inventado para dignificar el cómic.

¿Cómo tengo que referirme a tu trabajo?
Hombre, el premio que me han concedido es el Nacional de Cómic.
Se ve que los expertos del tema y los semiólogos han llegado a un acuerdo para llamarlo así.

¿Te consideras artista?
Sí. Pero tampoco doy muchas vueltas. No me preocupa mucho. Sé que soy un artesano que en algunas ocasiones puede convertir su trabajo en arte.

¿Es el arte catarsis?
No tiene por qué.

¿Cómo ves el movimiento 15-M de los indignados que nació en Madrid en la primavera de 2011?
(silencio) Me parece bien que exista y me parece bien también saber lo que piden. Ni ellos saben lo que piden. En eso estoy de acuerdo con ellos. Yo no sé lo que pido pero pido otras cosas. No obstante, no creo que en ese movimiento esté el germen de otras cosas. Es muy heterogéneo. La gente está pensando que está viviendo la Primavera de Praga o el Mayo de 68. Y la verdad es que la mitad de la gente que está allí está grabando o grabándose con los móviles de última generación. Es un poco de coña.

¿Cuál es el valor de eso? ¿Qué quieren? ¿Fin del capitalismo?
Creo que el fin del capitalismo no va a venir de ahí porque están todos allí con sus móviles y lamentando que se haya muerto el informático y empresario Steve Jobs (1955-2011) , que es una de las mayores fortunas del planeta. ¿Qué queréis? No entiendo esta consigna: “Banquero chorizo”. No me jodan… Un banquero se dedica al préstamo con interés, que por  cierto, es un delito condenado por la Biblia.

¿Cómo queréis que los banqueros no ganen dinero?
No son filántropos. Entre tanto, toda esta gente que está en la Puerta del Sol madrileña y en Nueva York, pienso que lo que realmente están queriendo decir es: no sabemos lo que pasa -queremos saber- y tenemos sospecha de que vosotros tampoco sabéis lo que pasa. Eso es muy importante. Eso ya es una revolución.

¿Qué piensas de las guerras?
Soy de una generación dónde las guerras son espectáculo. No vi y nunca he vivido una guerra. Las veo por la tele -una y otra vez- como las teleseries. Una especie de melodrama.

¿Quién manda más hoy en el mundo?
Nadie. Este es el drama. Llegamos a una especie de anarquía dentro de la oligarquía. Hay una especie de clase financiera numerosa que controla cada vez más porque las grandes fortunas están más repartidas.

¿Cuánto tiempo hablas contigo diariamente?
Intento evitarlo.

Entrevista publicada en la Revista El Siglo de Europa , ACPE y Eurolatinnews

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