Comunicación

Desvelando un periodista de patas

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“Mi técnica ─la periodística─ no es una técnica científica. Andar y contar es mi oficio”. (Manuel Chaves Nogales)

Por Jairo Máximo

Madrid, España ─ (Blog do Pícaro) ─ Antes de empezar la lectura de la biografía Chaves Nogales – El oficio de contar, de María Isabel Cintas Guillén, catedrática de Lengua castellana y Literatura y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, había leído y oído críticas elogiosas que versaban sobre dicha obra. Además estaba al corriente del tesón que la autora puso para sacar al periodista y escritor sevillano del olvido impuesto por los franquistas y otras fuerzas políticas, después de   defender la tesis titulada Manuel Chaves Nogales. Cuatro reportajes entre la literatura y el periodismo (1998).

Todo eso, más mi admiración hacia el biografiado, naturalmente me condujeron a la atenta y placentera lectura de la biografía de Chaves Nogales. En la contraportada  de esta documentada obra editada por la Fundación José Manuel Lara, y galardonada con el premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2011, se puede leer: “La autora sigue los pasos del gran periodista sevillano y enmarca su actividad en el contexto histórico de una época convulsa y fascinante que abarca la revolución rusa, la dictadura de Primo, la proclamación de la República, el estallido de la Guerra Civil, la ocupación de Francia o el exilio en Inglaterra”.

“Cintas Guillén ha dedicado años a rastrear la existencia de un hombre apasionado en su oficio y ecuánime en sus ideas políticas”, escribió la escritora Elvira Lindo tras la publicación de la obra.

Rescate histórico

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La perseverante Cintas Guillén durante la promoción del libro El   oficio de contar.

Chaves Nogales, El oficio de contar, es un primoroso trabajo de rescate  histórico sobre la intensa y sorprendente trayectoria profesional de Chaves Nogales.

“A las espaldas del Palacio cuyo patio y huerto claro con limonero cantó Machado, nació Manuel Jacinto José Domingo Chaves Nogales el día 7 de agosto del año de 1897, en la calle Dueñas, 11, “calle triste y silenciosa” como él la definió, en el corazón viejo de Sevilla”, escribe Cintas Guillén.

El sevillano falleció en Londres víctima de una peritonitis el día 4 de mayo de 1944. En la capital inglesa fundó una agencia, escribió artículos para los periódicos latinoamericanos y trabajó como periodista en las filas de los ejércitos aliados que luchaban en Europa contra la Alemania nazi.

“Fue enterrado en el cementerio de Fulham (North Sheen y Mortake) en Richmond, Kew, cerca de Londres, el día 11 de mayo de 1944. Así figura en el registro. Tumba CR19. El espacio sigue vacio entre dos enterramientos”,   puntualiza la autora.

Para el escritor vasco Pío Baroja (1872-1956), Chaves Nogales era un periodista de patas; aquél que busca la noticia allí donde se encuentre, con eficacia y un punto de riesgo.

“Su entrada en el mundo de la prensa se debió de producir de forma natural, acompañando a su padre a las sesiones del Ateneo y a los archivos sevillanos, a los que Chaves Rey acudía de forma cotidiana en busca de documentación para elaborar los temas de la historia de Sevilla que tanto le interesaban; y lo debía de acompañar igualmente a la redacción de El Liberal, del que su padre era redactor y su tío José Nogales, había sido redactor jefe. José Nogales había muerto algo antes y, precisamente en su recuerdo, Manuel compuso su primera columna para el periódico. Y cuando la Universidad de Sevilla celebraba la fiesta de Santo Tomás, entre las numerosas personas asistentes al acto se encontraba Manuel Chaves Nogales, aunque no como estudiante, que lo era en ese momento, sino ya como redactor de El Liberal de Sevilla, para dar cuenta del acto académico de inauguración del curso 1915-1916″, constata Cintas Guillén en la biografía.

Chaves Nogales- El oficio de contar, es, simplemente, una exposición de los datos de su vida profesional que he logrado ir reuniendo. He estado durante años, recorriendo archivos, bibliotecas y hemerotecas, primero en Sevilla y Madrid, luego en París y Londres y más tarde en América Latina, persiguiendo colaboraciones y datos en una búsqueda minuciosa (nunca mejor dicho, pues había que revisar los periódicos día a día) que se hacía cada vez más apasionante y amplia”, explica.

Boca a boca    Resultado de imagen de portadas del libro La ciudad, de Nogales

La primera noticia que Cintas Guillén tuvo de Manuel Chaves Nogales se la proporcionó el doctor Reyes Cano, de la Universidad de Sevilla, cuando en el año 1990 ella le pidió que le seleccionara un tema para elaborar su tesis doctoral.

“Me dijo que se trataba de un periodista sevillano que había escrito una biografía de Belmonte, con la que había logrado un relativo éxito: que era autor de otro libro sobre la revolución rusa, El maestro Juan Martínez que estaba allí y, desde luego me habló de su libro sobre Sevilla, La ciudad, uno de los mejores sobre el tema localista tan de moda en las primeras décadas del siglo XX. Me proporcionó los escasos artículos hasta entonces aparecidos sobre el periodista. Y me dijo que, de vez en cuando, algún intelectual intercedía por él y se lamentaba del olvido y abandono en que se le tenía”, precisa.

Después de años siguiendo la huella profesional del autor de una inspiradora obra literaria, que abarca espléndidos artículos periodísticos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, en la introducción de El oficio de contar, Cintas Guillén concluye: “Dos temas destacan con fuerza en el amplio abanico de intereses informativos de Chaves Nogales, que no son, en definitiva, sino las dos grandes fuerzas motoras de todas las conmociones sufridas por Europa en el pasado siglo: la revolución rusa y sus consecuencias, y la presencia en el panorama europeo del nazismo y el fascismo, expresiones para el periodista de un mismo talante antidemocrático, hijas de un mismo sentir totalitario, implacable y destructor. (…) En un país poco proclive  a la ecuanimidad y en un momento de posturas viscerales como sinónimo de comprometidas, intentó mantener la mente serena y clara al enjuiciar los acontecimientos, haciendo llamadas a la calma y la conciliación cuando los bramidos de la lucha impedían el sosiego. Pagó con el destierro la osadía de este intento, que se demostró inútil. Pero el tiempo lo trae de nuevo como la ola de una marea que vuelve a la orilla de una España que ya conoce los resultados de aquellas aventuras y está en condiciones de evitar que se repita la historia. Optimista sin remisión, fue capaz de declarar en los peores momentos del exilio que tuvo que emprender en soledad: “Aún hay patrias en la tierra para los hombres libres”.

Extractos del El oficio de contar

Imagen relacionada

Chaves Nogales con compañeros en la redacción de Heraldo de Madrid.

“El periodista era crítico con el atraso de la ciudad que lo vio nacer y, en cierto modo, positivo en la definición de su esencia: “El encanto de Sevilla no está en las cosas tangibles y fotografiables; su encanto es un verdadero encantamiento. Son gentes que a veces viven encantadas y alternativamente hablan, piensan y sienten como seres reales o como entes ilusorios; y esta dualidad es lo que les da su maravillosa incoherencia, que es en definitiva la única razón de su gracia”. Aun lejos de Sevilla, seguía presente en él la ciudad”.

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Chaves Nogales en Londres en los años 40 del siglo pasado.

“Había llegado a Madrid en 1924, con su esposa y su hija Pilar, y habitaron una casa de un barrio alejado del centro, lo que obligaba a Manuel a ir en autobús al trabajo. Nació un segundo hijo que sólo vivió dos meses. Se mudaron a Ciudad Lineal, que por entonces era campo abierto y desde donde Manuel iba a Madrid, ahora en tranvía. De estos contornos son los primeros recuerdos de infancia de Pilar, que debía de tener cuatro años. Recuerdos escasos, confusos…; era una casa de campo, con gallinas (a Ana le gustaba criarlas); la dueña era un señora vieja que siguió viviendo allí, los Chaves le alquilaron una parte de la vivienda. Estaba cerca de la casa del tenor Fleta, en cuyo jardín había un loro”.

“Como en tantos otros momentos, Chaves  defendía en el artículo el ejercicio del periodismo con una finalidad educativa, capaz de contribuir a la tarea social de hacer avanzar el pueblo en la conquista de sus metas a través de la información y el conocimiento”.

“Respecto a la incorporación a la Masonería, y aunque el hecho no volvió a aparecer de forma explícita en su vida hasta la condena en el año 1944 por el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, no podemos perder de vista que esta coyuntura debió de marcar su actividad inmediata, como ocurrió con tantos otros compañeros de filiación. De todos es sabido que, aunque en principio no estaba entre los objetivos de la organización masónica la directa intervención política, los acontecimientos que marcaron la vida española en los años veinte y treinta pusieron en el primer plano del interés la forma particular de entender la realidad y participar en ella que la Masonería representaba”.

Resultado de imagen de portada del libro As ruinas do Império Russo

Lo que ha quedado del imperio de los zares, título original del libro que fue publicado en España en 1931.

“Una editorial portuguesa, la Editorial Enciclopédica limitada (Lisboa-Río de Janeiro) inició su colección “Las grandes tragedias reales” (dando a la palabra real la acepción de verdadero), con la publicación del reportaje que, con el título de As ruinas do Império Russo, apareció el año 1935. La editorial justificaba la elección del trabajo haciendo la siguiente aclaración:

Chaves Nogales lo narra [se refiere al panorama de la Rusia blanca] con aguda e inexorable verdad, con la crudeza y la serenidad de un gran maestro del reportaje, oyendo las miserias de labios de los propios miserables, pintando una extensa galería de cuadros al fresco, palpitante y sorprendente, sobre un fondo de sangre, odio y nieve, el mismo telón de fondo que sirve para la ejecución de Nicolás II, del pequeño heredero, de la Emperatriz y de las princesitas, en la gran ratonera de Ekaterinburgo, sobre la nieve implacable…”.

“El gobierno de Franco quiso borrar la huella  del periodista condenándolo el 16 de mayo de 1944 (una semana después de su muerte), y a través del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo,

(…) a la pena de doce años y un día de reclusión menor, y accesorias legales de inhabilitación absoluta perpetua para el ejercicio de cualquier cargo del Estado, Corporaciones Públicas u Oficiales, Entidades Subvencionadas, Empresas Concesionarias, Gerencias y Consejos de Administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando y dirección de los mismos, separándole definitivamente de los aludidos cargos (…), que proceda a la busca, captura y prisión del sentenciado (…)*

*Expediente  de condena por pertenencia a la Masonería. Unos dos millones y medio de personas  fueron fichadas como “rojos” y enemigos del Nuevo Estado. Sus expedientes se conservan en el Archivo Histórico Nacional,  Sección Guerra Civil, de Salamanca. Se puede completar información en Álvarez Rey, Leandro, Aproximación a un mito: Masonería y política en la Sevilla del siglo XX, Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, 1996, pp. 253 y 165″.

El hombre que estaba allí

Concluida la lectura de El oficio de contar, me quedo aguardando  una  novela o serie televisiva sobre los 47 años ¿bien? vividos de Chaves Nogales, el hombre que estaba allí, a pecho descubierto, sin perder el estilo y la ética. Un español de culo inquieto dueño de una pluma primorosa que saboreó el éxito y el destierro profesional.

“Tal vez algún día alguien se decida a novelar la vida de Chaves, de la que no todo está dicho. No faltaron en ella episodios del mayor interés. En mi caso ha supuesto un gran atrevimiento intentar hacer una biografía, profesional tan sólo, de quien ha sido considerado por su Belmonte el mejor biógrafo del siglo XX español”, sostiene Cintas Guillén. •

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Chaves Nogales en Asturias, con los testigos del asesinato del cura de Sama. (Ahora, 27 de octubre de 1934). 

Nota del autor: Artículo publicado en la ACPE

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